el lunes cuando iba de regreso a mi casa, vi un pastor alemán parado con mirada dubitativa a la orilla de la avenida Hidalgo. me sentí muy triste, creí que estaba perdido pero cuando se puso el rojo en el semáforo alcancé a ver por el retrovisor a un padre y su hijo con el perro. entonces me sentí aliviada, creí que ya estaba con sus dueños a quienes había esperado pacientemente sentado en una banqueta de la avenida, mientras ellos terminaban sus pendientes. por la mañana cuando iba a mi trabajo volví a ver al mismo perro, lo reconocí por su lindo collar en forma de cadena. el perro estaba más sucio, con los ojos muy rojos y parecía triste, desporientado, perdido. No pude evitar llorar por el, y por mi, supongo.
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